La kenosis (el vaciamiento, el Dios que sufre impotente) es el centro de la revelación, y donde la resurrección triunfalista es vista como un "escape" que traiciona esa verdad, podemos configurar el perfil de un Creyente Kenótico.
Este no es un creyente común. Es una figura fronteriza, habitante de los márgenes de la ortodoxia y de la incredulidad.
Perfil del Creyente Kenótico
1. Definición Fundamental
El creyente kenótico es aquel que sitúa el momento de máxima revelación divina no en la resurrección gloriosa, sino en la cruz entendida como abandono total. Para él, Dios no se revela plenamente cuando vence a la muerte, sino cuando muere en silencio, acompañando a la humanidad hasta el fondo del vacío.
2. Relación con la Escritura
- Evangelio de cabecera: El final original de Marcos (16:8) . Las mujeres huyen y no dicen nada porque tienen miedo. El silencio es la última palabra.
- Versículo clave: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Marcos 15:34). Para el kenótico, esto no es un salmo recitado, sino el colapso real de la conciencia de Jesús y, por tanto, la entrada de Dios en el sinsentido humano.
- Lectura de los demás evangelios: Los lee con sospecha. Las apariciones de Jesús resucitado en Mateo, Lucas y Juan son vistas como "ediciones piadosas" o "muletas psicológicas" que la comunidad necesitó para sobrevivir al trauma de la cruz, pero que diluyen la dureza de la revelación original.
3. Teología (Lo que Cree)
- Dios (El Tzimtzum): Cree en un Dios que, para crear algo distinto de sí mismo, se contrae (tzimtzum), se retira. Su omnipotencia es un acto de amor que se autolimita para dar espacio a la libertad humana. Por eso, ante el mal, Dios no interviene mágicamente: no puede, porque hacerlo sería anular aquello que creó. Su única intervención posible es la presencia en el sufrimiento.
- Jesús: Es el punto máximo de esa contracción. En Jesús, Dios llega al extremo de su propio vaciamiento: la muerte y la duda (el grito de abandono). Jesús no es tanto el "solucionador del pecado" (teoría de la expiación), sino el compañero absoluto que valida el dolor humano habitándolo.
- La Resurrección: No la niega, pero la redefine. No es un evento físico-triunfalista que "arregla" la cruz. Es, más bien, la persistencia de Jesús en la comunidad. Es la experiencia de que el amor crucificado no muere del todo, sino que sigue habitando en el acto de acompañar. No es un cuerpo glorioso que asciende, sino una presencia silenciosa que se queda.
- El Mal y el Sufrimiento: No tiene una "respuesta". No cree que "Dios tenga un plan" o que "todo sucede por algo". El sufrimiento es, a menudo, simplemente horrible e injusto. Pero en medio de ese horror, el kenótico afirma que Dios está ahí, no para arreglarlo, sino para sostenerlo. Es una teología del "a pesar de", no del "gracias a".
4. Espiritualidad (Cómo Vive)
- La Oración: No es principalmente petición (pedir cosas que Dios no va a dar mágicamente). Es, sobre todo, compañía y lamentación. Es sentarse en silencio con el Dios que sufre. Es repetir el grito de Marcos: "¿Por qué?", sin esperar una respuesta del cielo, sino encontrando en el propio grito la conexión con lo divino.
- La Mística: Es una mística del viernes santo permanente. No busca éxtasis ni consuelos emocionales. Busca la "noche oscura" como lugar habitual de encuentro. Donde otros ven ausencia de Dios, el kenótico ve la forma más profunda de su presencia: la presencia que no interfiere.
- Relación con el mundo: Altamente comprometida con el sufrimiento ajeno. Si Dios es el que acompaña sin juzgar, el kenótico debe ser el que acompaña sin imponer. No va a "salvar almas", sino a sentarse al lado del que sufre y compartir su silencio. Es una espiritualidad de hospital de campaña, pero sin ánimo de curar, sino de cuidar.
5. Relación con la Iglesia Institucional
- Ambivalente. Valora la tradición, los rituales y la comunidad como lugares de memoria y compañía. Pero rechaza profundamente todo discurso de "poder", "triunfo" o "teología de la prosperidad" (incluso en su versión celestial). Le incomodan las iglesias llenas de luces y bandas de rock, y se siente más en casa en una cripta oscura o en una capilla vacía.
- Se siente más cerca de los místicos apofáticos (Juan de la Cruz, Maestro Eckhart) que de los predicadores de multitudes.
6. Sus Preguntas Constantes (La Cruz de su Fe)
- ¿Estoy adorando a un Dios débil porque no soporto la idea de un Dios que exige o que castiga?
- Si Dios es solo silencio y compañía, ¿en qué se diferencia del simple consuelo humano? ¿Añade algo?
- ¿Puede una fe sobrevivir sin una esperanza de victoria final? ¿Es esto un lujo de una vida cómoda o una honestidad radical?
7. Símbolo
No la cruz vacía y triunfante (la resurrección), sino la cruz con el crucificado que aún grita. O, mejor aún, una cruz vacía pero en la oscuridad, sin luz de resurrección, que recuerda que el sepulcro se cerró y el silencio duró tres días… y quizá todavía dura.
En resumen, el Creyente Kenótico es aquel que ha decidido quedarse en el Santo Sepulcro el sábado por la noche, cuando Jesús está muerto y la esperanza aún no ha nacido. Y en esa oscuridad, afirma que Dios está más presente que nunca.
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